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sábado, 17 de abril de 2021

Presidente: !cuidado con la «solidaridad» de China!

 


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EL AUTOR es escritor. Reside en Nueva York

-Prefacio

Como es habitual en mis modestas aportaciones a través de este pretigioso medio informativo, acostumbro a las definiciones de los conceptos que utilizo, a sabiendas del conocimiento de los mismos por parte de nuestro lectores pero, con la intención de despejar algunas dudas y apuntalar nuestro criterio en el desarrollo del tema a tratar. En este caso, me refiero a la palabra «solidaridad».

¿Qué entendemos por solidaridad? Este término proviene del latín «soliditas», expresión que sintetiza una realidad homogénea entera y unida donde los elementos que constituían ese todo eran de igual naturaleza. Partiendo de este razonamiento, definimos a la solidaridad como «la adhesión de manera circunstancial a una causa o proyecto de terceros». En síntesis, es la acción de perfil dadivoso o bienintencionado lo que se traduce en un comportamiento «in-solidum», o sea, que se enlazan los destinos de dos o más personas. En este caso que trato de perfil político, sería entre dos o más estados.

Lamentablemente, cuando esto se deriva al campo político, dicho gesto se ha desvirtuado de su naturaleza -salvo pocas excepciones-, ante el abuso de ella en las peroratas políticas y el llamado marketing solidario, del cual hay que tener cuidado para no caer en las garras del supuesto solidario.

Esa expresión ha gravitado tanto en lo social y lo político, que fue con  esa dicción que surgió un movimiento sindical en los Astileros Lenin de Gdansk, Polonia, denominado «Solidaridad», que en la década de los 90  llevó por vez primera a un obrero a ser presidente de la nación y posteriomente, obtener el Premio Nobel de la Paz (1983) recayendo esa distinción en la figura del electricista polaco, Lech Walesa.

China Popular: una loba vestida de oveja

Mi adversión, mi negación total y mi desconfianza abosoluta en contra del socialismo izquierdista -entiéndase comunista-, no obedece a un exabrupto o a una mera presunción. No, es el convencimiento total y fruto de investigar, leer y comprobar a través de la observación de los hechos, lo perverso de esta  ideología la cual, desde el 1917 hasta la fecha, no ha resuelto en los países en donde se han instalado a la fuerza, nada de los planteamientos políticos y sociales que dieron vida a su filosofía política y que ninguna de las naciones que lo implementaron venció la pobreza, el hambre ni las desigualdales sociales, sino que, por el contrario, las agravaron.

Sus líderes pasados y actuales han sido y son tan cínicos, hipócritas y descarados,  que obvian admitirles al mundo que han tenido que morder el polvo de la derrota y en cambio, acusan a su favorito de siempre los Estados Unidos, de las desgracias que ellos mismo han ocasionado a los pueblos que desgobiernan.

Callaron ante caída del Muro de Berlín, la Perestroika en la Unión Soviética, el fracaso de la Revolución cubana, el atraso social, económico y la miseria de Corea del Norte y la tragicomedia cantinflesca de la mal llamada «Revolucion bolivariana», que ha convertido a una nación asentada en una riqueza natural, en un país arrabalizado en todo los aspectos y comparado hoy con Haití, en donde el hambre, la pobreza, el imperio de la delincuencia y la corrupción son los únicos «logros» a mostrar.

Pero, de todos estos fracasos visibles y tangibles en la historia reciente, el más notable de todos, ha sido la conversión de la China Popular de Mao Tse Tung, el llamado «Gran Timonel» a lo que ellos llaman «las vorágines del capitalismo», sistema económico que -curiosamente- es la razón del socialismo para acabar con las «desigualdades, la pobreza  e implatar un sistema donde no exitieran las clases sociales».

Hoy por hoy, la nación de los ojos rasgados, está compitiendo de tú a tú con el sistema capitalista que representa en todo su esplendor a los Estados Unidos de América, para extender sus dominios hegemónicos, con acciones de «solidaridad, préstamos y proyectos» a las naciones al sur del río Bravo, el mismo gesto que ellos han criticado a las naciones democráticas tildándolo de «ingerencias, penetración e imperialismo». Como dice el viejo refrán: «Culpa de los tiempos es y no de España»

Es por esa razón que a través de este modesto trabajo de opinión, quiero llamar la atención al Sr. presidente de la República Dominicana, Lic. Luis Rodolfo Abinader Corona, en el sentido de que tenga precaución, mucho tacto y ojo avizor de las «ayudas y solidaridad» que pudiera brindarle la China Popular a la patria de Gregorio Duperón. (Apellido materno convertido a «Luperón»).

Los regímenes totalitarios izquierdistas, nunca ofrecen nada que no sea por un interés político o pecuniario. La solidaridad en ello no existe, como tapoco la honestidad y la gratidud hacia los demás, al menos que no sean de su propia parcela ideológica. Ejemplo de ello lo tenemos con las mentadas «Misiones Médicas» de Cuba, la cuales no es más que una trata de blanca por parte del gobierno castrista, que usa a los médicos cubanos como esclavos, quitándoles un 75% de los sueldos acordados en dólares con los gobiernos en donde son enviados y entragándoles en la Habana el 25% restante en pesos cubanos. (1). En el caso de China Popular, el asunto es más grave y delicado.

La China Popular hoy en día está impulsada en extender su influencia política y hegemonía mundial (principios intrínsicos de la ideología marxista-leninista) a través del comercio, préstamos, «ayudas», proyectos y obras que requieran naciones subdesarrolladas, aprovechando su boom económico fruto del capitalismo y no del socialismo que pensó Mao.

China Popular trata con ello, de arrebatarle esas iniciativas que han tenido siempre los Estados Unidos y la Unión Europea, sin el riesgo políticos que implica hacerlo con estos gobiernos totalitarios, esclavistas y  represivos de sus pueblos. Al no poder vencer a los Estados Unidos por la vía militar, recurre a través de estas supuesta «ayudas» a los amigos de su enemigo y bajo la premisa maquiavélica de: «Si no puedes con el enemigo, únetele, haz que confíe en tí y mátalo».

La China Popular y sus productos «caravelitas»

En el argot popular dominicano la expresión «caravelita» se refiere a teléfonos, piezas electrónicas, equipos y respuestos de autos y motores fabricados en la China que suelen ser muy baratos pero de muy mala estofa. Los chinos anteponen la producción masiva a la terminación duradera y de calidad de sus productos. Te sacan de un apuro pero, por corto tiempo y con ello se cumple la máxima que reza: «Lo barato sale caro» porque hay que adquirirlo dos veces.

Ahora bien, cuando esa práctica se traslada a las inversiones hechas por ellos y en base a préstamos onerosos de un Estado a otro y en temas de salud,  ya la situación es diferente porque se trata del progreso y del bienestar de una nación y  cuyos compromisos de pagos recaen de manera directa en los bolsillos de los ciudadanos. Como muestra de lo que sostengo, voy a referirme a dos hechos concretos de muchos más, en que la China Popular ha sacado sus garras y mostrado sus colmillos. Veamos:

Las vacunas chinas

Como es conocido, China y otras naciones socialistas siempre quieren alardear y ganarle la delantera al mundo occidental y, es especial, a los Estados Unidos. Con las vacunas no podía ser diferente. Crearon dos:  Sinopharm y Sinovac (virus inactivado) y otra por CanSino (vector viral no replicante). Estas vacunas solo han sido vendidas en naciones subdesarrolladas entre ella la Rep. Dominicana, Perú, Ecuador, Malasia, Filipinas a un costo millonario en dólares no en yuan. Su venta está vedada en los Estados Unidos y en gran parte de Europa.

Su efectividad en contra del (SARS-CoV-2) que se incubó en la ciudad china de Wuham, es apenas de un 50%, lo que significa que de 100 inoculados 50 de ellos pueden infectarse aún con ella. La Pzifer y Moderna que se desarrolló en los Estados Unidos, su efectividad es de un 95% y 94.1% y pueden contraer el virus apenas 5 de 100.

Su fabricación en China está plagada de retrasos, incoherencias de datos y salpicada su producción en ataques a sus rivales en su afán por presentarse como el líder en el mundo, algo típico en las naciones comunistas: alardear de lo que carecen. Buscaba China con ello una victoria geopolítica, mostrar su proeza científica y, de paso, su «generosidad» con la naciones menos desarrolladas sin haber vacunado todavía totalmente a su inmensa población pero, con la mente puesta en el negocio millonario para atajar un mal del cual son íntegramente responsables.

Xi Jimping, Correa y Coca Codo Sinclair

Es probable que los amables lectores no vean la conexión que pueda existir en este subtítulo pero, se la voy ha explicar y, de paso, para que vean los zarpazos que da la China Comunista en su cacareado «humanismo solidario» con los pueblos que tenacean con su hipócrita solidaridad.

Coca Codo Sinclair es la mayor represa hidroeléctrica y uno de los megas proyectos en infraestructura de la China Popular en latinoamerica, en este caso, en el Ecuador y, «casualmente» en el gobierno del guapetón expresidente socialista Rafael Vicente Correa Delgado, exiliado en Bélgica y prófugo de la justicia ecuatoriana por actos de corrupción. La China Popular se ha mostrado muy «generosa» en conceder préstamos cuantiosos a países de la región como Venezuela, Argentina, Rep. Dominicana y otros. En el caso del Ecuador, se le fue mano con un golpe demoledor. Lo explico.

En el gobierno de Rafael Vicente Correa Delgado se concretó un acuerdo con China y sin licitación como exige la ley, para construir el mega proyecto más grande en la patria de José Joaquín Olmedo, el cual ya anteriormente en otros gobiernos había sido descartado pero, se hizo realidad con el representante del Socialismo del Siglo XXI.

El nombre de ese proyecto se convirtió para los ecuatorianos en sinónimo de corrupción, ineficiencia, negocios turbios, materiales de mala calidad y una crisis ambiental aunada a un costo de 18 mil millones de dólares con los «generosos chinos». La meta era producir 1,500 megavatios de energía limpia y renovable. Dicha obra comenzó en el 2010 y la elegida con el dedo de Rafael Correa desde el Palacio de Carondelet lo fue la empresa china Sinohydro Corporation.

La gran parte monetaria para el trabajo, supuestamente fue aportada por el gobierno ecuatoriano aunque el grueso del dinero provino de un banco chino Expor-Import Bank of China. O sea, la constructura y el banco son empresas del gobierno chino, vale decir, quien la hizo y el acreedor al mismo tiempo, !pura belleza socialista!. Un lustro después de ser construída, el flamante líder chino Xi Jinping cruzó el  Océano Pacífico para darle un abrazo a su cuate Rafael Correa y ambos sonreir por tan «magna obra».

No pasó mucho tiempo de ese «memorable encuentro» entre estos dos mandatarios socialistas, cuando la faraónica hidroeléctrica comenzó a dar vicios de una mala construcción en todos los aspectos. La Corporación Eléctrica del Ecuador (CELEC) asumió el control porque los ejecutivos chinos habían espantado la mula (difemismo por se fueron). Hubo deslizamientos y desvío en una comunidad cerca, serios daños estructurales, 12 fallas graves en el proceso de construcción, fisuras en los distribuidores de la unidad central, materiales base de los distribuidores de mala calidad, excesivo desgaste en las ruedas de las turbinas, retrasos en el contrato y sobervio impacto negativo ambiental, entre otros más.

Este informe de 165 páginas, fue presentado por la Contraloría de la República al gobierno ecuatoriano  del presidente Lenin Boltaire Moreno Garcés, lo cual causó indignación total a su gobierno y al pueblo ecuatoriano. Ahora se entiende porqué Rafael Correa huyó a Bélgica y el pueblo no eligió a su delfín. En definitiva, los chinos en Ecuador construyeron su represa hidroeléctrica tipo «caravelita» y este monumental desfalco al Estado ecuatoriano hoy lo pagan los hijos de esa nación sudamericana al tener que desembolsar unos US$1,600 millones  de capital e intereses a la «generosidad socialista» de la China Popular con los pueblos de América.

Por hechos tan dolosos e inmorales como este en la política socialista, es la razón por la cual el brillante escritor y novelista brasileño más leído en el mundo y autor de la singular obra «El alquimista» Paulo Coelho de Souza, manifestó : «El engaño es una elección, no un error».

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